Ciencia

El hallazgo de Claude se parece a CRISPR en la forma, no en la función

El 23 de septiembre de 2026, Anthropic anunció que Claude había localizado en el ADN de un virus de bacterias una hilera de repeticiones con aire de CRISPR junto a una enzima, y llamó ART al conjunto. Lo que ha venido después lo resume Dimitri Perrin, de la Universidad Tecnológica de Queensland: «ART es tipo CRISPR en su arquitectura, pero no hay pruebas de que lo sea en su función».

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Caricatura de una fachada de templo hecha de decorado de cine: una hilada de bloques repetidos y unas tijeras de laboratorio pintadas en la lona, y por detrás solo puntales y aire; el emblema posa delante mientras dos investigadores empujan el decorado con un dedo.
📷 Imagen generada con IA

En resumen

  • Anthropic anunció ART el 23 de septiembre de 2026; las objeciones empezaron esa noche en X y las declaraciones a la prensa llegaron el 24.
  • Dimitri Perrin escribe en The Conversation que «la enzima en sí ya se conocía».
  • Lucas Harrington, cofundador de Mammoth Biosciences, sostiene que Anthropic todavía no sabe qué hace ART.
  • Bo Wang pide comprobar que la hilera no sea un artefacto del ensamblaje.
  • Stanley Qi, de la Universidad Stanford, lo llama «increíblemente emocionante»; Anthropic no ha respondido a las críticas.

La arquitectura se parece; la función no está demostrada

Dimitri Perrin firmó el 24 de septiembre un análisis en The Conversation. Es catedrático asociado y director de la Escuela de Informática de la Universidad Tecnológica de Queensland, universidad pública australiana de Brisbane, y su campo es la informática, no la biología de laboratorio, aunque diseñe guías CRISPR por ordenador. Su declaración de intereses solo recoge financiación pública.

Su análisis separa dos cosas que el ruido mezcló. «La enzima en sí ya se conocía. Lo nuevo es reconocer que puede formar parte de este sistema mayor», escribe. Y remata con la línea que nadie discute: «A día de hoy podemos decir que ART es tipo CRISPR en su arquitectura, pero no hay pruebas de que lo sea en su función».

«Encontrar un resultado intrigante después de explorar miles de posibilidades no es lo mismo que demostrar que el sistema reconoce descubrimientos de forma fiable», añade sobre el método.

La enzima ya estaba descrita antes del hallazgo

Lo que Claude encontró, en palabras de uno de los críticos, son «dos genes (uno conocido, uno nuevo) junto a un trozo raro de ADN repetido». El gen conocido codifica una transcriptasa inversa, y esa vecindad con hileras tipo CRISPR se documenta desde 2008.

El método lleva décadas en uso

Lucas Harrington valoró el anuncio en X esa misma noche del 23, a las 21:50 UTC: «Como alguien que hizo esta clase de minería de genomas durante su doctorado, unas reflexiones sobre este anuncio de Anthropic». Es cofundador y director científico de Mammoth Biosciences, biotecnológica que creó en 2017 con Jennifer Doudna y que hace ella misma minería de genomas en busca de sistemas CRISPR: opina sobre el terreno en el que compite.

Su objeción central es lo que falta: «Anthropic todavía no sabe qué hace esto. Han demostrado que la hilera produce ARN, pero no qué hacen esos ARN […] ni si el sistema tiene las propiedades programables que justificarían la comparación con CRISPR». No es un rechazo a la IA: pide que el listón se ponga alto ahora.

Kevin Blake, microbiólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad Washington en San Luis (Misuri), segunda de Estados Unidos en fondos de los Institutos Nacionales de Salud, puso el mismo límite en declaraciones a Al Jazeera el 24 de septiembre: «CRISPR-la-tecnología es muy distinto del CRISPR de la naturaleza, que es básicamente el sistema inmunitario de una bacteria», dijo. «Nada indica que esto sea un rival de CRISPR-la-tecnología».

Lo demostrado y lo que falta

Lo demostrado y lo que sigue sin demostrarse
Lo que está demostrado Lo que sigue sin demostrarse
La hilera de repeticiones existe junto a la enzima y se conserva entre fagos emparentados Que la transcriptasa inversa esté activa: «no hemos demostrado que la transcriptasa inversa esté activa» (preprint)
La hilera se transcribe: produce ARN cortos con límites reproducibles Qué hacen esos ARN: «ni que los ARN de unidad sean sus sustratos» (preprint)
Los mismos ARN cortos aparecen al meter el sistema en Escherichia coli, en el laboratorio de Anthropic Que la enzima y su proteína compañera interactúen: «actualmente desconocido» (preprint)
No hay genes cas cerca de ningún locus de ART: no es un CRISPR Qué hace el sistema por el fago: «actualmente desconocido» (preprint)
La arquitectura recuerda a CRISPR: «ART es tipo CRISPR en su arquitectura» (Perrin) Que la función recuerde a CRISPR: «no hay pruebas de que lo sea en su función» (Perrin)
La enzima ya estaba descrita en trabajos anteriores Que el sistema sea programable, el rasgo que justificaría la comparación con CRISPR (Harrington)
— Que la hilera no sea un artefacto del ensamblaje: falta el respaldo de lecturas crudas en aislados independientes (Wang)
Columna izquierda: preprint de Anthropic (Yoon et al., 23-09-2026), sin revisión por pares, y su experimento propio. Columna derecha: cautelas literales del mismo preprint y objeciones de D. Perrin (The Conversation, 24-09), L. Harrington (X, 23-09) y B. Wang (X, 23-09). Las afirmaciones de la columna izquierda las hace la empresa que anuncia el hallazgo; nadie independiente las ha comprobado.

La objeción más específica la firma Bo Wang, científico jefe de IA de la University Health Network, la mayor red de hospitales de investigación de Canadá, y cofundador de Xaira Therapeutics, empresa de descubrimiento de fármacos con IA que promociona en el mismo hilo. No va de la función, sino de la secuencia: «Las regiones ricas en repeticiones de genomas de fago ensamblados pueden ser engañosas, así que me gustaría ver el respaldo de lecturas crudas […] en aislados independientes», escribió a las 21:35 UTC del 23 de septiembre. Es decir: descartar primero un artefacto del ensamblaje.

Desde Stanford, «increíblemente emocionante»

La otra cara la pone Stanley Qi, catedrático asociado de bioingeniería en la Universidad Stanford e inventor de CRISPRi y CRISPRa, las técnicas que apagan y encienden genes sin cortar el ADN. Lo llama «increíblemente emocionante» en Al Jazeera, y no por la enzima: «Lo que destaca es su capacidad de reconocer un patrón biológico inusual que antes era difícil de detectar, y de perseguirlo a fondo como pregunta de investigación».

Wang comparte esa lectura de fondo: «Para mí, ahí está la oportunidad: escalar la atención científica». El desacuerdo no es sobre si la IA sirve, sino sobre cuánto se ha demostrado.

Anthropic no ha respondido públicamente a estas críticas, y no consta ningún preprint de réplica en bioRxiv ni en arXiv. Su anuncio del 23 de septiembre ya hablaba de «hallazgos tempranos». Ese mismo día, Dario Amodei presentó el hallazgo ante el Consejo de Seguridad de la ONU y lo calificó de «preliminar», según AFP.

Conclusión

El desacuerdo es más estrecho de lo que parecía: nadie niega que la hilera esté ahí y nadie sostiene que se sepa para qué sirve. Lo que separa a Perrin, Harrington y Blake de Qi es dónde ponen el mérito: en el resultado o en fijarse en un patrón raro. Y eso no lo resuelve la discusión, sino el experimento que, como escribe Wang, sigue por delante.

Fuentes primarias

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