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Bruselas quiere desactivar los compañeros de IA para menores

La Comisión Europea adoptó este 17 de septiembre de 2026 el EU KIDS Act, un texto que obligaría a que los compañeros de IA y los chatbots vengan desactivados de fábrica en cualquier servicio que use un menor de 18 años, y que retrasa hasta los 15 la primera cuenta propia en redes sociales. Ojo: no está en vigor. Es una propuesta legislativa que ahora tienen que examinar y aprobar el Parlamento Europeo y el Consejo, y no hay fecha de aplicación.

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Un niño de unos diez años, sentado en un taburete al otro lado de un mostrador y con los brazos cruzados; enfrente, una máquina de aspecto humanoide le tiende un montón de papeles para pedirle permiso, en una oficina con archivadores y empleados al fondo.
📷 Imagen generada con IA

En resumen

  • Es una propuesta, no una norma. La Comisión la adoptó el 17 de septiembre de 2026 y la remitió al Parlamento Europeo y al Consejo para su examen y adopción. No hay fecha de aplicación.
  • Los compañeros de IA y los chatbots tendrían que estar desactivados por defecto para todo usuario menor de 18 años, y no podrían simular relaciones interpersonales de forma que creen dependencia emocional.
  • Cuenta propia en redes sociales, a partir de los 15 años en toda la UE. De los 13 a los 14, solo mini-cuentas colgadas de la del tutor y un máximo de una hora al día.
  • Los menores de 13 años quedan fuera de las redes sociales: podrían usar servicios de vídeo diseñados para menores con una cuenta que gestione el tutor, también con tope de una hora diaria.
  • La carga de la prueba cambia de lado: serían los prestadores del servicio los que tendrían que demostrar que lo que ofrecen es apropiado para la edad y seguro por diseño.

Desactivados de fábrica, y sin fingir afecto

El pilar del texto que toca de lleno a la inteligencia artificial se llama seguridad por diseño, y alcanza a todos los servicios en línea que ofrezcan redes sociales, vídeo, videojuegos en línea, compañeros de IA o chatbots a usuarios menores de 18 años. No distingue entre una aplicación pensada para niños y una de adultos en la que se mete un adolescente: lo que manda es la edad de quien está al otro lado de la pantalla.

La frase que lo resume ocupa una línea en la propuesta. Los compañeros de IA y los chatbots «tienen que estar desactivados por defecto» y «no pueden simular relaciones interpersonales de forma que creen dependencia emocional». Desactivado por defecto quiere decir que la función no arranca sola: si un menor la quiere, alguien tiene que ir a encenderla.

El mismo pilar prohíbe las funciones adictivas; los recomendadores basados en perfilado que arrastran al menor por espirales de contenido dañino; el scroll infinito sin puntos de parada; los trucos de recompensa; las notificaciones que suenan en horas de sueño, y el contacto no solicitado de desconocidos.

Y cambia los valores con los que se abre una cuenta de menor: perfil privado por defecto, con geolocalización, cámara y micrófono desactivados. Los servicios tendrían que ofrecer además formas fáciles de bloquear y silenciar a otros usuarios, herramientas de gestión del tiempo y un recomendador que el propio menor pueda controlar, ajustar y reiniciar desde cero.

Qué podría hacer cada edad

Los cuatro tramos de edad de la propuesta
Edad Qué puede hacer Límite de tiempo
Menos de 3 años El texto no regula esta franja: sus tramos empiezan a los 3 años. Sin mención
De 3 a 12 años Nada de redes sociales. Servicios de vídeo diseñados para menores, con cuenta gestionada por el tutor. Máximo una hora al día
De 13 a 14 años Nada de cuenta propia. Mini-cuentas creadas por el tutor, con acceso a través de la cuenta del tutor y contactos sociales limitados. Máximo una hora al día
15 años o más Cuenta autónoma en redes sociales. Sin límite propio; las obligaciones de seguridad por diseño siguen hasta los 18
Propuesta legislativa adoptada por la Comisión Europea el 17 de septiembre de 2026. No está aprobada ni en vigor: tienen que examinarla y adoptarla el Parlamento Europeo y el Consejo, y no hay fecha de aplicación.

El segundo pilar retrasa la entrada en las redes sociales. La propuesta prohíbe a las plataformas el acceso de los niños menores de 13 años y fija una edad mínima de 15 años en toda la Unión Europea para que un menor abra una cuenta propia. Entre medias aparece una figura nueva.

De los 13 a los 14 años el mando lo tiene el tutor: es él quien crea mini-cuentas, y el menor entra en ellas a través de la cuenta del adulto. Esas mini-cuentas han de diseñarse con salvaguardas, y el texto nombra dos: contactos sociales limitados y tiempo de pantalla limitado a un máximo de una hora al día.

Para los pequeños, de 3 a 12 años, no hay redes sociales de ninguna clase. Sí servicios de vídeo diseñados para menores, mediante cuentas que gestiona el tutor. Y hay una obligación pensada para la escena más corriente de cualquier casa, la del padre que presta su móvil: las plataformas tendrían que dar una herramienta fácil para restringir el uso del dispositivo del adulto a esos servicios cuando se lo pasa al niño, y limitar la exposición a un máximo de una hora al día.

Cómo se comprueba la edad sin entregar el DNI

Todo lo anterior depende de saber quién está delante, así que el tercer pilar obliga a los servicios en línea y a las tiendas de aplicaciones a usar herramientas de verificación de edad que preserven la privacidad. El ejemplo que cita la propia Comisión es la aplicación europea de verificación de edad, que no conserva documentos de identidad ni datos biométricos.

En redes sociales y plataformas de vídeo la comprobación se haría al abrir una cuenta nueva. Para las cuentas que ya existen —es decir, la de casi todo el mundo— el texto se conforma con estimar la edad a partir de indicios razonables, y pone dos ejemplos: la fecha de creación de la cuenta y los datos de la tarjeta de crédito.

Ahora le toca demostrarlo a la plataforma

El cuarto pilar es el que decide si lo demás se queda en papel. Hasta ahora, quien tenía que demostrar que un servicio dañaba a un menor era quien se quejaba; la propuesta invierte la carga de la prueba y la coloca sobre los proveedores de plataformas en línea de muy gran tamaño.

En la práctica, eso significa presentar un plan de cumplimiento a la Comisión y a un auditor independiente, que debe evaluar a fondo el nuevo servicio, función o funcionalidad. Si a la vista del informe del auditor la Comisión aprecia carencias en ese plan, puede exigir al proveedor que proponga medidas correctoras. Y para que el trámite no se eternice, los procedimientos son acelerados: la Comisión tendría que concluir sus investigaciones en 90 días.

Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, lo resumió así: «Hoy nuestros hijos se relacionan con las tecnologías más sofisticadas que se han creado jamás. Tecnología que nunca se creó pensando en su bienestar. Nuestra KIDS Act invierte la carga de la prueba: son las plataformas las que tienen que demostrar que son seguras por diseño. Y volvemos a poner a los padres al volante, dándoles las herramientas para ayudar a sus hijos a moverse por un mundo digital más seguro».

De dónde sale el texto y adónde va ahora

La propuesta no nace de un despacho de Bruselas, sino de ese panel de expertos, y llega con el viento de la opinión pública a favor: según el Eurobarómetro especial sobre la Década Digital de 2026, el 92 % de los europeos considera que reforzar la protección de los menores en línea es una prioridad política máxima.

A partir de aquí, el recorrido es el de cualquier propuesta legislativa europea. El texto está en manos del Parlamento Europeo y del Consejo, que pueden aprobarlo, modificarlo o dejarlo encallado. Nada de lo descrito aquí se aplica todavía, y el propio texto no fija ninguna fecha para que empiece a aplicarse.

Conclusión

Si esta mañana mira el móvil de su hijo, no va a encontrar nada apagado: hoy no cambia absolutamente nada. Lo que cambia es el listón que Bruselas quiere poner, y conviene fijarse en cuál es. No es prohibir los compañeros de IA, es invertir quién tiene que dar explicaciones: hasta ahora el padre descubría el problema cuando ya estaba en casa, y con este texto sería la plataforma la que tendría que demostrar, ante un auditor independiente, que su servicio es apropiado para la edad antes de ponerlo delante de un menor. Falta lo más difícil, que es que el Parlamento Europeo y el Consejo lo aprueben, y ahí es donde se verá cuánto sobrevive de la hora diaria de pantalla y del interruptor apagado de fábrica.

Fuentes primarias

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